domingo, 31 de mayo de 2026

40 años!!!!


 Algunas saben que escribo en un blog anónimo, uno que quizás algún día mis hijos leerán con nostalgia e interés para redescubrir a su madre a través de sus palabras. Por eso quiero dejar para la eternidad este agradecimiento a mis compañeras de curso.

Si veinte años no es nada, como dice el bolero, cuarenta sí son importantes.

En el paseo de ayer, cerca de la cordillera de Los Andes, donde nos reunimos casi todas, nacieron pequeñas reflexiones que quiero compartir.

Es muy importante sembrar recuerdos que, en el futuro, serán nuestros recursos de alegría. Y eso lo sabía nuestra querida profesora jefe, quien nos acompañó en todas nuestras aventuras y paseos durante la etapa de I a IV Medio. La enseñanza tiene un profundo componente emocional que ella supo explorar con sabiduría.

Ella lideró  nuestro curso cuando apenas había salido de la universidad. Qué valentía. Hacerse responsable de un curso que llegó a tener cuarenta y cuatro alumnas fue una aventura que merece ser reconocida.

Documentó fielmente nuestras vidas, paseos y experiencias a través de fotografías, quizás sin saber cuán importante sería para nosotras, décadas después, reencontrarnos con las niñitas que fuimos ayer.

Conversábamos entre varias sobre lo increíble que resulta descubrir que logramos convertirnos en un verdadero grupo, y que aquellas pequeñas diferencias de la etapa escolar, vistas desde la adultez, son totalmente irrelevantes. Hay mucho más de lo que nos une que de lo que a veces somos capaces de comprender.

Mientras reíamos en medio de las actividades y recordábamos nuestro lenguaje propio, expresado en los sobrenombres de algunas —“Sharon”, “Débora”, “Magaly”—, constatamos que esas experiencias compartidas y esos códigos comunes son precisamente los que nos convierten en esta comunidad tan particular y significativa.

Hemos sido tremendamente afortunadas, y lo sabemos. Nuestra experiencia ha trascendido incluso a nuestros hijos.

Cuando regresaba a casa, me quedé contemplando el río Mapocho. Finalmente, esa agua llegará algún día al mar. Algunas ya han partido; otras lo haremos en tiempos distintos. Todas somos parte de ese mismo fluir.

Quiero darles las gracias. Han sido muy importantes para mí.

Y quiero también agradecer infinitamente a Marcela, nuestra profesora jefe, por haber acompañado una etapa tan decisiva de nuestras vidas y por ayudarnos, quizá sin proponérselo, a construir recuerdos que hoy son parte de quienes somos.

Liebe Kinder, ruft die Sonne, wacht auf!!

(Creado por I.A(lma)  — Inteligencia del Alma,)